El Angosto y La Ciénaga

Siguiendo con el tour fronterizo, se me había metido conocer el pueblito más al norte del país: el año pasado en Santa Catalina me enteré de que existía El Angosto, bien en el extremo noroeste.  Fue bastante complicado conseguir cómo ir pero finalmente la gente del Hostal Don Clemente de Santa Catalina me contactó con Miguel (0388 15 466 0157), un policía que estaba de franco y conoce re bien la zona, así que allá fuimos, con Vivian y Raquel, 2 uruguayas macanudas que conocí en La Quiaca y se me sumaron. Tomamos el Andes Norte de las 5 de la mañana en La Quiaca y nos encontramos con él en Santa Catalina (llegamos a eso de las 7).  Desayunamos ahí y ¡salimos pa'l norte! En poco más de una hora llegamos. 

El pueblo es chiquito, rodeado de cerros rojizos, ya estaban preparando la tierra o acababan de sembrar, incluso un señor tenía un invernadero y nos contaba re entusiasmado las plantitas que estaba cuidando, aunque decía que "no tenía tiempo" para dedicarse más.  Conocimos la escuela albergue (los chicos se quedan de lunes a viernes), ahí le pregunté al presidente de la comunidad -que estaba limpiando en la escuela- si había situaciones de pobreza extrema o indigencia y me dijo que no, que todos tienen cultivos o hacienda y que, de última, se van un día al río a buscar ¡oro! y seguro que alguna pepita encuentran, "y un gramo son $ 300". 
El Angosto

Escuela de El Angosto
De El Angosto a La Ciénaga
De ahí fuimos a La Ciénaga, otro pueblito de frontera más al suroeste.  Re lindos los cerros rojos que veíamos en el camino y ni hablar de las mil curvas para bajar (el auto casi no aguanta la subida...). También la escuela albergue con chicos que van desde poblados de Bolivia y una directora muy apasionada por su trabajo, contándonos sobre los chicos albergados a los que prácticamente cría y ya pensando en aprovisionarse para cuando empiecen las lluvias de verano y queden aislados. 
Bajada a La Ciénaga
La Ciénaga
Escuela de La Ciénaga
Pinchadura y recalentamiento mediante, ni almorzamos y ya en dirección a La Quiaca, pasamos por otros pueblos fronterizos: Piscuno, un caserío puneño que en medio de la nada tiene unos hitos limítrofes, y Casira que es EL pueblo alfarero del norte, ahí todos sus habitantes se dedican a la alfarería y con orgullo cuentan que su cerámica es la mejor.  Se llama "cerámica pirca" y es mezclada con piedra laja molida. Y llegando a La Quiaca ¡volvimos a pinchar!
Escuela de frontera de Piscuno
Piscuno
Hito fronterizo en Piscuno
Casira
Casira pueblo alfarero
Casira pueblo alfarero

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Sobre Vicky Yened

Hace unos 15 años que descubrí la Quebrada y Puna. Fue un flash... tremendos paisajes con cerrazos coloridos, cóndores, llamas, vicuñas, cardones, que desde hace miles de años moldean un hábitat sencillo y estremecedor... pero lo que más me impactó es la cultura viva que aun se mantiene y conmueve... la Pachamama siempre presente, las chayadas, las apachetas, las ofrendas, las rondas de coplas... Así que ahí ando, cada vez que puedo me hago escapaditas revitalizantes.

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